
Hace ya varios años me ocurrió una cosa que NUNCA he contado por miedo a cachondeos y risillas fáciles, pero considero que debo contarla porque es algo que me martillea casi diariamente.
Un buen día soleado, sábado para más señas, fui con el coche a buscar un lugar bello a la par que cómodo para currarnos una paella con mi primo y amigo
Julito, ir toda la peña, tomarnos veinticinco mil botijos y degustar un buen arroz, como él sólo sabe hacer.
Me acerque a La Jarosa, donde había parrillas para cocinarlo y mesas de piedra donde apretárnoslo. Me sorprendió que fuera uno de los pocos que había decidido ir ese día tan magnífico, el Sol me hizo despojarme de mi camiseta de los Cramps y mostrar a la Naturaleza mi envidiable torso.
Anduve (del verbo "andar") por los alrededores buscando la mejor ubicación para ser los primeros al día siguiente. Vi una mesa con su "cocina" cerca de un chiringuito y a pocos metros del embalse. Cojonudo, aunque habría que madrugar...
Me tomé seis cañas en el bareto y me dispuse a volver a mi coche. El Sol pegaba de cojones.
Durante el trayecto, mirando al suelo, noté como si algo tapase el Sol, difuminándose las sombras de los árboles. Acto seguido, una luz descomunal me cegó por completo, aplicándome sobre los ojos un picor inusual...
De repente, sin haber transcurrido ni un puto segundo, me encuentro dentro de lo que creo que es un O.V.N.I., sí, hostias!! Miro a todos lados y no veo nada más que pulcras ¿paredes? y lucecitas que parpadean de vez en cuando. Seis cañas en poco más de diez minutos y mi exposición al Sol me están jugando una mala pasada...
Intento caminar, pero no muevo las piernas, y sin embargo me muevo... llego al sitio que quiero con sólo pensar dónde quiero ir, acojonante.No levito, porque veo que mis pies estás pegados al suelo, pero me muevo.
Intento un mortal hacia atrás con doble tirabuzón y lo realizo sin problemas.
Veo un pasillo de unos 15 o 20 metros de largo. Me adentro ¿andando? con un movimiento armónico simple pero sin dar una jodida zancada. Aparezco en una estancia mayor a la anterior y allí están ellos: si os digo que había mil alienígenas a lo mejor me quedo corto. De aspecto humano en su físico, son más bajos que yo pero con un apéndice entre las patas más desarrollado que en los seres humanos.
Alrededor de medio centenar se me acerca y noto cordialidad en su trato, me preguntan en algún idioma desconocido y contesto en castellano y se rien...lo jodido es que entiendo lo que me preguntan, pero ahora no me acuerdo qué fue.
Uno me pregunta en alemán, para ponerme a prueba, que hacía abajo. ¡Y LE CONTESTO EN ALEMÁN! Alucino!! Yo controlo algo de inglés, pero alemán...Me preguntan varios a la vez y me doy cuenta de que tengo la capacidad de responder a siete al mismo tiempo y aprovecho para preguntarle a uno si su madre dejó de ser tan puta cuando le parió, a otro le digo que si tiene el "Emule" para descargarse algo de Camilo Sesto, en fin, mis chorradillas...
Todos están felices, yo cogiendo confianza y en mi salsa. Pienso que me molaría darle una colleja a uno que tengo a mi derecha, y automáticamente se la clavo, mi brazo es casi más veloz que mi mente. Se suceden collejas por doquier, llevándome miles y repartiéndo millones...
Se me ocurre darle a uno que no deja de moverse una hostia con una muleta de hospital. Dicho y hecho. Esgrimo en mi mano derecha una muleta tuneada con clavos (en la puta nave ésta impera la imaginación) y doy hostias con ella a la velocidad de Neo el de Matrix.
Pero ojo. Viene un marciano al fondo con más mala leche que el Fernando Fernán Gómez y todas las sonrisillas se tornan en caretos serios y serviles. Debe ser el jefe de estos trapos. Da una orden en un idioma que no entiendo y de repente me encuentro postrado en el suelo abierto de patas sin pantalones ni ropa interior.
Lo que sigue es una sucesión de penetraciones anales por parte de toda la tripulación que no acabo de entender. No se salvó ni uno, ni al que le abrí la cabeza y le partí en dos con la muleta. El hijoputa, arrastrádose, también me enculó. Fui y soy consciente de que me enrrabaron más de mil enanos hijoputas de ojos saltones y cabeza deforme y esa experiencia persistirá en los "anales" de mi jodida vida.
Recobré la consciencia al lado del coche, tirado en el suelo en pelotas y con la ropa al lado. Me vestí y me piré de allí.
Desde ese día intento ir todos los Sábados a aquella cuesta a ver si aparece otra vez la nave, mi nave...
Por cierto, la paella la hicimos al día siguiente en esa zona. Riquísima!! Yo me la comí de pie mirando al cielo. Ains!
FIN
El Agus